ROBOS EN CAJEROS AUTOMÁTICOS MEDIANTE EXPLOSIÓN DE GAS

Publicado: 26 noviembre, 2012 de miguelafiecyl en Artículos de Opinión

Una de las consecuencias de la globalización a nivel de la seguridad pública es la importación indeseada de especialidades delictivas o la recepción de individuos de otros países con formación especializada sobre las mismas, siendo algunas de las cuales -por su extrema peligrosidad y violencia- las que suscitan un inusitado nivel de alarma entre los miembros de las comunidades que posteriormente las reciben, ya que por diferentes factores socio-económicos estos no están acostumbrados a ese tipo de agresión a la comunidad.

Si bien el modus operandi de hacer explosionar un cajero automático mediante el uso de gas para posteriormente sustraer el dinero en metálico que este contiene, no es algo nuevo, no es menos cierto que en España se han producido diversos casos de estos robos con fuerza en un breve espacio de tiempo y por toda nuestra geografía.  Algunos de ellos son los que se han cometido desde junio hasta el día de hoy  en Barcelona, Badalona (Barcelona), Vigo (Pontevedra), O´Porriño (Pontevedra), Arroyo de la Encomienda (Valladolid) y L´Hospitalet de Llobregat (Barcelona) y por lo tanto es factor indiciario suficiente de que no estamos ante un fenómeno aislado o local.

Este peculiar sistema con el que se perpetran se lleva utilizando años en países de América latina, en los que además para su ejecución se utiliza un mínimo de dos individuos, aunque lo normal suelen ser tres (dos para la ejecución material y otro más para el transporte y huida con el botín).

La práctica habitual de estos robos con fuerza suele ser la localización de objetivos en zonas con buenas vías y nudos de comunicación en las proximidades del objetivo; que se realizan durante la madrugada; se espera al final de la semana en los que se acumula más dinero en metálico dentro de los cajeros automáticos listos para ser solicitado por los ciudadanos durante el fin de semana; con zonas comerciales o industriales muy cercanas;  y para los que se utilizan un equipo oxiacetilénico de uso metalúrgico para provocar una explosión que libere el cajón del dinero en metálico que se encuentra en el interior de los cajeros automáticos atacados.

Dado que dicho equipo oxiacetilénico se dispone generalmente para su uso industrial hasta en los talleres metalúrgicos más pequeños de cualquier país, para los ladrones no resulta difícil hacerse con uno de ellos ya sea sustrayéndoles directamente o acudiendo al mercado negro donde abundan. Además el hecho de que las dos botellas que componen dicho equipo (una de gas oxígeno y otra de gas acetileno) se encuentran generalmente dispuestas sobre un soporte con ruedas para su fácil transporte por las instalaciones de los talleres, esto facilita igualmente el movimiento fluido a la hora de utilizarlas de forma delictiva.

Por lo que se refiere al primero de los gases empleados, -el acetileno (C2H2)- , el mismo está compuesto de carbono e hidrógeno, siendo un gas combustible (a principios de siglo se utilizaba para la el alumbrado mediante las lámparas de carburo), muy inestable y que reacciona químicamente -llegando a explotar- si se eleva su presión (por eso y para evitar que ello suceda se le transporta imbuido en acetona dentro de las botellas);  su temperatura ; se le golpea; o se le pone en contacto con metales como la plata, el cobre, el mercurio y sus sales o soluciones (produciendo acetiluros pulverulentos).

El otros gas que se utiliza junto con el acetileno es el oxigeno (O2) el cual es un gas comburente, -que no hay que confundir con el aire comprimido-.  Si se aumenta la proporción de dicho oxígeno, el combustible se transforma en inflamable. Además de que por sí mismo el oxígeno puede provocar la inflamación espontánea de elementos que tengan materias grasas o aceites (como trapos engrasados).

Dicho todo lo visto hasta ahora y dada la inestabilidad evidente del material empleado, solo les queda a los ladrones introducir el gas dentro del cajero automático, alejarse del lugar convenientemente para a continuación provocar la fácil explosión y regresar a por su botín.

Evidentemente el forzar un cajero automático mediante una herramienta de oxicorte (corte de chapa)  no se podría culminar rápidamente sin que en condiciones normales acudieran antes las Fuerzas de Seguridad. Esto es así, pues además de que la operación de cortado de los elementos metálicos que protegen el cajón que contiene el dinero en efectivo lleva un tiempo intrínseco en ejecutarse, la duración de la misma es incompatible con una zona acristalada donde se ubican la mayoría de los cajeros automáticos (riesgo de larga duración de ser vistos los autores manipulando un soplete con llama  en su  interior),  y que además estos se encontrarían con la tensión añadida de que dicha operación activaría la alarma del mencionado cajero -generalmente desde el primer minuto si esta no ha sido neutralizada-. Sin embargo con una rápida y certera explosión de gas, aunque la alarma se active, o el vecindario haya avisado de la explosión, los ladrones cuentan con el tiempo necesario para la huida.

 Algunas entidades bancarias de otros países y dado el número de sucesos de este tipo que venían sufriendo, optaron por solicitar una autorización gubernamental para colocar dispositivos que inutilizan el dinero en metálico de los cajeros, -con unas tintas especiales-, justo en el momento en el que se activa la alarma y que coincide exactamente y de forma automática con la apertura indeseada del cajón que lo contiene.

Fernando Ruiz Domínguez

Cuerpo Nacional de Policía

 AFIECYL

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